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Titanic, el barco de los sueños perdidos

4 comentarios

El 18 de abril de 1912 el buque Carpathia llegaba a Nueva York y una multitud exaltada le esperaba en los muelles. Sus más de 700 pasajeros extras pisaban tierra tras una noche negra, la del 14 al 15 de abril, en la que sucedió lo inimaginable: el insumergible Titanic, uno de los mayores transatlánticos de la época, insignia del lema “Lujo, confort y seguridad” de la compañía White Star Line, se hundió en las gélidas aguas cercanas a Terranova.

En el 105º aniversario de uno de los mayores naufragios de la historia naviera en tiempo de paz, lo recordamos ilustrado con fotos tomadas durante una visita de FeZ a “Titanic, la exposición“, impulsada inicialmente con ocasión de la conmemoración del centenario de este trágico suceso y que, desde entonces, se ha convertido en la muestra itinerante con más asistencia del mundo. Acaba de concluir en Zaragoza con un gran éxito de público. Organizada por Musealia, compañía creada para  gestionar y promover la memoria histórica y marítima del legendario buque, su propuesta nos sumergió en un emocionante viaje al pasado, conduciéndonos desde la concepción y construcción del barco hasta sus restos actuales a unos cuatro kilómetros bajo la superficie marina. Más de doscientos objetos rescatados de las aguas o cedidos por los herederos de sus dueños, documentos e imágenes originales, así como reproducciones fidedignas de sus estancias, como testimonio de la efímera vida de este tristemente famoso transatlántico.

La exposición cuidaba al máximo la recreación de los detalles ya desde su taquilla y acceso a la primera sala

Lord James Pirrie, socio de la mayor constructora de barcos del momento, y Bruce Ismay, director gerente de la White Star Line (una de las compañías navieras más importantes de Gran Bretaña), junto a la mansión londinense del primero donde se cuenta concibieron la idea en 1907 de construir los tres transatlánticos más grandes del mundo: el Olympic, el Titanic y el Britannic

El 31 de marzo de 1909 se inició la construcción del Titanic en Irlanda del Norte, a la estela de su hermano gemelo el Olympic, finalizando tras tres años de intenso trabajo

A vapor, con 16 compartimentos estancos, 38 centímetros de grosor en la chapa de su casco y tres hélices propulsoras de 38 toneladas cada una, zarpó el 2 de abril de 1912 desde Belfast a Southampton, donde permaneció una semana abasteciéndose de provisiones

El miércoles 10 de abril de 1912 embarcan los primeros pasajeros en el puerto inglés de Southampton, desde donde se dirige a la población francesa de Cherbourg a recoger a más viajeros, tras lo cual continúa ruta hacia la localidad irlandesa de Queenstown. El 11 de abril partirá de Irlanda rumbo a Nueva York con 2.207 personas a bordo. Los tres días siguientes discurren plácidamente en alta mar. Ajenos al fatal destino al que se dirigían, sus ocupantes disfrutan de la oferta de ocio del Titanic. En primera clase: restaurantes, cafeterías, un salón-comedor, un gimnasio, una piscina, unos baños turcos, una pista de squash, salas de escritura, lectura y revelado de fotos y, en la cubierta, grandes paseos. En segunda clase: un salón-comedor, sala de fumadores, librería, peluquería y áreas de paseo en varias cubiertas, con opción de usar los baños turcos y la piscina de la categoría superior. En tercera clase: un salón-comedor, sala de fumadores, sala de recepción y áreas de paseo en las cubiertas de proa y popa, sin acceso a las de primera y segunda clase ni a la cubierta de los botes salvavidas sin asistencia.

Recreación de una suite de primera clase

Sala de fumadores de primera clase

Hasta la vajilla guardaba categorías, marcada con la bandera emblemática de la compañía naviera

Comedor de segunda clase

Una completa ciudad flotante, reflejo de la estructura social: frente al esplendor de primera y segunda, austeridad y espacios bien delimitados en tercera clase.

Camarote de tercera clase

En lo que equivalía a los sótanos: 29 calderas con 159 hornos que debían estar encendidos las 24 horas. Cada día se quemaban 620 toneladas de carbón movidas por los más desfavorecidos de la pirámide social. La llamada “brigada negra” trabajaba organizada en turnos de cuatro horas respirando un aire contaminado, en un ambiente de enorme ruido y calor intenso.

Expuesto un trozo de carbón, de más de dos kilos de peso, recuperado tras 88 años sumergido. Pertenecía a la sala de calderas número 1, que estuvo operando hasta el último momento. Todos sus trabajadores fallecieron

Desde el mando de comunicaciones no paran de llegar telegramas de felicitación y positivos deseos, si bien entre ellos también se encuentran advertencias de barcos próximos que han encontrado hielo.

Un pequeño reducto que fue clave para conocer los últimos mensajes de los pasajeros y que se quedó corto a la hora de darse cuenta de lo que se avecinaba y de comunicar a tiempo su tragedia

La tripulación

Al frente de todo este microcosmos flotante, el capitán Edward J. Smith y sus oficiales. Conocido como “el capitán de los millonarios”, Smith gozaba de gran prestigio en su profesión, de tal modo que muchos adinerados pasajeros escogían buques por él dirigidos, por lo que la compañía le encargaba ponerse al mando de los nuevos grandes barcos.

Dos cartas dirigidas a su hermana y un catalejo son las piezas que recuerdan en la exposición a William Murdoch, que no pudo evitar el fatídico choque con el iceberg a pesar de su rápida maniobra para evitar embestirlo frontalmente

El primer oficial William Murdoch se responsabilizaba de la trayectoria del Titanic a las 23:40 del 14 de abril, que discurría en un mar inusualmente tranquilo hasta que se avistó un enorme iceberg. A pesar de virar la proa todo a babor en pocos segundos, la acelerada maniobra no impidió que el hielo presionase con tal fuerza el costado de estribor que los remaches no resistiesen y cinco compartimentos y medio del barco quedasen abiertos al mar, siendo el inicio del fin del Titanic… Durante la agitada evacuación, Murdoch jugó un papel esencial, aprovechando al máximo los botes de estribor de los que se encargó, de modo que la mayoría de los hombres que se salvaron se lo deben a él, ya que en muchos de los restantes a babor solo dejaron subir a mujeres y niños y, en ocasiones, sin optimizar el espacio disponible.

Vidas truncadas

Las cartas y telegramas enviados por los pasajeros del barco que han logrado conservarse son actualmente emotivas muestras de lo incierto del futuro.

Como mero ejemplo, Carl Robert Carlsson, inmigrante irlandés que viajaba en tercera clase, escribía así el 10 de abril a su padre narrándole sus sensaciones: “Aquí vivimos como en el mejor de los hoteles. Es realmente maravilloso. Hay gente de todos los países (…) El barco es tan grande que apenas se mueve con olas tan grandes como casas. Se mueve suavemente, como si estuviera quiero, pero todavía no hemos avanzado mucho. Quizás estéis pensando que estamos pasando un duro viaje o aburriéndonos, pero de haber sabido que todo iba a salir tan bien, hubiese traído a Anna (su hermana) conmigo”. Con ello la hubiese condenado a muerte…

Carl Robert Carlsson, su cuerpo no se encontró

Entre las víctimas recordadas en la exposición, el matrimonio Straus: Isidor e Ida. Al entonces copropietario del famoso centro comercial Macy’s, en atención a su edad se le permitió subir a un bote junto a su esposa y su doncella, pero se negó amablemente e Ida le secundó. La última vez que los vieron estaban abrazados en una tumbona. Junto a su retrato se sitúa el de Víctor Peñasco, que viajaba con su mujer Josefina en primera clase como parte de su año largo de luna de miel. Esta joven pareja, del poco pasaje de nacionalidad española, decidió en su estancia en París embarcar en el Titanic sin contárselo a su familia, dejando encargado a su mayordomo, que se quedó en la capital gala, que enviase a la madre de Víctor postales acreditando que seguían en París mientras realmente navegaban en el transatlántico .

Los Straus y Víctor Peñasco

Otra pareja quebrada fue la integrada por Kate Phillips, de 19 años, y Henry Morley, de 39, que se registraron en el Titanic bajo nombres falsos porque él estaba casado. Henry le había regalado un colgante azul que sirvió de inspiración al cineasta James Cameron para la trama del collar en su largometraje de 1997. Henry falleció y Kate descubrió, al regresar a Londres junto a sus padres, que estaba embarazada, heredando su hija la joya, mostrada en la exposición junto a otros objetos auténticos de Phillips.

Colgante, llavero y cartera de Kate Phillips

A los niños se les daba preferencia absoluta en los botes, aunque no todos se salvaron…

Pocas familias sobrevivieron al completo. Los Kink fueron una de las excepciones. Anton, Louise y su hija de cuatro años formaban parte del pasaje de tercera, únicamente dejando los oficiales que subieran al bote la madre y la pequeña, pero Anton logró escabullirse de la cadena humana que le frenaba y se coló mientras descendían la barca. Louise Jr. guardó toda su vida los zapatos y la manta utilizados aquella noche.

Las botitas de la niña Louise Kink

Los integrantes de las dos partes de la orquesta, que habitualmente tocaban repartidos entre primera y segunda clase, unieron en cubierta sus instrumentos en la interpretación de suaves melodías para calmar la tensión creciente. Varios supervivientes dijeron que su última pieza fue el himno “Cerca de ti, mi Señor”.

Entre los comportamientos ejemplares, el de la norteamericana Margaret Tobin Brown, de origen humilde pero millonaria gracias al descubrimiento de una mina de oro. Para visitar a su hija, estudiante en París, en enero de 1912 viajó curiosamente en el RMS Olympic, volviendo a coincidir con parte de su tripulación, como el capitán Smith, al embarcar tres meses después en su buque gemelo Titanic a última hora al enterarse de que su nieto estaba enfermo. Su valentía y dominio lingüístico fue esencial ante la ineptitud del cabo que dirigía su bote salvavidas y posteriormente en la asistencia a sus compañeros en el Carpathia, participando al llegar a Nueva York en la creación del Comité de Supervivientes. Su apelativo de “Molly” resultó un invento de los medios de comunicación, que popularizaron su figura como heroína, recreándola Debbie Reynolds por primera vez en pantalla grande en el musical “The unsinkable Molly Brown”.

Margaret Tobin Brown, todo un ejemplo de pasajera solidaria. Tras el rescate, en nombre de sus compañeros repartió medallas de reconocimiento entre la tripulación del Carpathia

En poco más de dos horas desde la colisión, tras partirse en dos en torno a la 1:00 del 15 de abril, el buque fue tragado por el océano. Hasta las 4 de la madrugada no llegó en su auxilio el Carpathia, transatlántico británico que viajaba desde Nueva York hacia la actual Croacia con 743 pasajeros, rescatando a casi otros tantos (712) repartidos entre botes a la deriva en un mar plagado de cadáveres y un silencio escalofriante.

De las 2.207 personas del viaje inaugural del Titanic, para más de dos tercios sus ilusiones desaparecieron junto a ellas. En el 90% de los casos perecieron por hipotermia. A la temperatura del agua donde naufragó el barco un ser humano de complexión normal no sobrevive más de 25 minutos.

Un enorme trozo real de hielo colocado en una pared de la exposición nos desafiaba a que apoyásemos nuestras manos sobre él y aguantásemos lo máximo posible; difícil resistir mucho más de un minuto…

La tarde del 16 de abril todos los periódicos y radios dan a conocer la catástrofe. El único radiotelegrafista del Carpathia, Harold Cottam, estuvo al borde de la extenuación enviando sin descansar mensajes hasta llegar a tierra. Fue vital la voz de alarma que dio a sus superiores al recibir las señales de socorro del Titanic y la transmitida después desde su cabina facilitando los nombres de las personas salvadas.

El barco más representado en el cine

No cabe duda de que el naciente séptimo arte contribuyó a mitificar la historia del Titanic.

En un gran alarde oportunista, a lo largo de 1912 se estrenaron dos filmes mudos recreando su accidente. Por un lado, solo un mes después, en mayo, vio la luz “Saved from the Titanic”, protagonizado y coescrito por una de las supervivientes, la actriz y modelo Dorothy Gibson. Corto norteamericano grabado en menos de dos semanas, usó imágenes reales del Olympic y de la llegada de los supervivientes del Titanic a Nueva York. Aunque gozó de gran éxito mientras se exhibió, le acompañó también la mala suerte, destruidos sus negativos en un incendio en 1914. Por otro lado, Alemania lanzó su propia visión en el mediometraje “In nacht und eis” (En la noche y el hielo), que también obtuvo una gran acogida.

Los británicos aportaron el primer largometraje en 1929 con “Atlantic”, con imágenes rodadas en el RMS Majestic, propiedad también de la White Star Line.

En 1943, la Alemania nazi realiza una versión libre de los hechos, titulada sencillamente “Titanic”, que aprovecha para criticar duramente al régimen capitalista.

El Hollywood de las grandes estrellas añadió su particular mirada en 1953, con un drama bien conducido por Jean Negulesco que mereció el premio Óscar al mejor guion. “Titanic” (en España conocido como “El hundimiento del Titanic”) se benefició de un reparto encabezado por Barbara Stanwick y Clifton Webb encarnando a un matrimonio roto donde el insufrible esposo terminaba redimiéndose con su sacrificio salvador.

Será 1958 el año de la mejor traslación a pantalla grande en “A night to remember” (“La última noche del Titanic”), el último largo que se ruede en blanco y negro centrado en esta tragedia  y el más fiel a la misma, adaptando un libro escrito por Walter Lord con el testimonio de sesenta y tres supervivientes. En este sentido, esta película británica, dirigida por Roy Ward Baker, es la única en la que no hay argumento secundario de ficción relevante, ya que todos los personajes se basan en reales. Desarrollada su trama con gran sobriedad, sin especiales alardes escénicos y apenas música extradiegética, resulta una emotiva aproximación a las vivencias de una variada galería de pasajeros y tripulantes del barco. El epílogo en la cubierta del Carpathia y la última imagen con un salvavidas del Titanic flotando sobre las aguas, cierran de forma brillante el que sigue siendo el mejor tributo cinematográfico a la historia verídica.

La lista de títulos en cine y televisión que abordan de forma directa o tangencial la aventura del Titanic resulta muy larga (incluyendo la coproducción internacional dirigida por Bigas Luna “La camarera del Titanic“), por eso concluiremos con este repaso a los más destacados con la mención al más famoso de todos, el realizado por James Cameron, que incorporó tomas auténticas del pecio de barco, descubierto en 1985. Su epopeya romántica, protagonizada por Kate Winslet y Leonardo DiCaprio como caracteres ficticios con el telón de fondo de otros reales, cumplirá a finales de 2017 veinte años (a España llegó en enero de 1998) y sigue siendo una de las más oscarizadas (consiguió once estatuillas doradas) y taquilleras de la historia.

Tanto el cine como la espléndida exposición reseñada nos han permitido aproximarnos a la extraordinaria experiencia del Titanic

Además del colgante real que inspiró la trama del collar en el filme de James Cameron, réplicas de diversas otras joyas encontradas en los restos del Titanic decoraban una de las habitaciones reconstruidas para la exposición. Esplendor que se reveló perecedero…

Memoria viva

La sobresaliente exposición de Musealia, que podía seguirse con una audioguía que narraba con cuidada emoción hechos y experiencias envueltos en la banda sonora compuesta por James Horner para el Titanic recreado por Cameron, concluía con unos enormes carteles donde, clasificados por sus categorías de pasaje, podían leerse los nombres, apellidos y edad de los fallecidos. La lucha contra el olvido es siempre el mejor homenaje.

Ancladas en el fondo del mar se quedaron tantas inquietudes y esperanzas…

Foto del grupo FeZ que acudió a la visita en el Centro Comercial Augusta

La historia sigue: se anuncia para 2018 el primer submarino comercial que descenderá con turistas hasta el punto exacto donde descansan los restos del Titanic

¿Dónde reside la fascinación de esta historia? Quizás en  la arrogancia de creer que la tecnología nos hace indestructibles, pero, ante todo, en imaginar los sueños que esperaban cumplir las más de dos mil almas que transportaba el Titanic y que quedaron sumergidos irremediablemente para siempre.

Fotos de Ana Chao, Carmina Andreu, Concha AlsinaCharlie Django, JesúsKino, Luisa Lasheras, Mayra BazánNati Almao, Teresa Esteban y Atmósferacine

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4 pensamientos en “Titanic, el barco de los sueños perdidos

  1. Muy buen monográfico, fantástica exposición que ya tuve ocasión de verla en Pamplona hace unos años y qué decir de la compañía que segura estoy de lo grata que sería….Besos, compañeros!

  2. Fue una exposición preciosa. Las fotos, por supuesto, también lo son 😉

  3. La historia narrada así, es como si uno la viviera por dentro y la exposición de fotos, de lo mejor. Es genial haber encontrado tu blog.

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