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El viaje a Nepal que terminó en tragedia IV

6 comentarios

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Katmandú visto desde el helicóptero antes del terremoto

Capítulo ICapítulo IICapítulo III

Tras recibir el alta del hospital y pasar dos días en Katmandú y Patan, me reúno con el resto del grupo que regresan de las montañas para hacer rafting en el Río Trishuli, afluente del Río Marshyangdi, según estaba previsto, aproximadamente a mitad de camino entre Katmandú y Pokhara.

A las 11:55 hora local, estamos comiendo en un chiringuito cerca de la carretera trazada en la ladera de la margen izquierda del río, tras un terraplén de unos 40 metros hasta el río Trishuli, esperando a que los monitores acabasen de preparar las zodiacs y el equipo para realizar el rafting previsto. De repente y sin ninguna señal de anormalidad, se oye un ruido atronador. Una sensación rara, antes nunca experimentada, nos invade. Enseguida sentimos que el suelo tiembla. No tardamos más de 1 o 2 segundos en salir corriendo al pequeño descampado para ver qué es lo que ocurre, pero en cuanto me paro me doy cuenta de que es un terremoto muy fuerte. La sensación resulta espeluznante. Tengo que reconocer que los pelos se me erizaron y miré al deteriorado asfalto de la estrecha carretera esperando ver si se abrían grietas, con la posibilidad de que parte del suelo, chiringuito y nosotros en bloque fuésemos a parar al caudaloso río, 40 metros más abajo, igual que estaba ocurriendo en el otro lado del río ladera arriba. El tiempo que duró fue corto pero me pareció eterno. Creo que fuerte sería menos de un minuto y unos dos minutos más mientras bajaba lentamente la intensidad del temblor, a la vez que surgían nubes de polvo por las riberas, consecuencia de los múltiples corrimientos de tierra.

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Nube de polvo.

Recuperada la calma, sin más rastro de lo sucedido que las nubes de polvo, estando en un lugar solitario, sin ningún comunicado de alarma y con las lanchas preparadas a la orilla del río, los monitores del rafting decidieron continuar con el programa previsto. Por una empinada senda de 40 metros nos lanzamos al río donde nos esperaban los pilotos con sus correspondientes embarcaciones.

Grupo del rafting.

Unos 15 minutos más tarde del primer terremoto y durante el mini cursillo de actuación y salvamento en caso de posible incidente durante el rafting, se produjo el segundo terremoto, fuerte pero de menor intensidad. Todos los teléfonos estaban desconectados en las bolsas herméticas para el agua, por lo que no podía llegarnos ninguna información de lo ocurrido en otros lugares. El cursillo fue en nepalí y de los 18 componentes del grupo solamente Domingo y yo éramos hispanoparlantes, así que Hari se encargó de realizar algunas traducciones, que casi se redujeron a decirnos que si caíamos a la corriente intentásemos sacar la cabeza fuera del agua.

Tras este segundo terremoto y breves comentarios, todos decidimos lanzarnos por el caudaloso río en busca de la aventura.

El rafting fue espectacular, de grado 5+ según nos dijeron, y si bien en las lanchas no era posible notar los temblores, en los terraplenes de las orillas veíamos descender pequeños desprendimientos de tierra hasta el agua. Ya a dos tercios del rafting paramos a descansar en una playa del río y los nepalís sacaron los teléfonos de las bolsas herméticas. Por sus expresiones y caras nos dimos cuenta de que se había producido una gran tragedia y por cada llamada que llegaba los supuestos miles de muertos en Katmandú iban aumentando. Continuamos el rafting hasta el lugar previsto, una pequeña población donde no hubo fallecidos a pesar de estar prácticamente en el epicentro del terremoto.

Con la tragedia ya conocida no podíamos hacer otra cosa que seguir el programa, aunque con la incógnita de lo que nos íbamos a encontrar momento a momento. En esta pequeña población tomamos un autobús en dirección a Pokhara, opuesta a Katmandú. Transporte que pudimos encontrar gracias al responsable del rafting, dado el caos completo de autobuses, coches y viajeros. Todo, por supuesto, en idioma nepalí, por lo que a la situación se unía nuestra dificultad para entender, detenidos en medio de la carretera, convertida en transitada calle.

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Desprendimientos en la carretera.

A poco de iniciar el trayecto empezamos a ver frecuentes desprendimientos en la carretera hasta llegar a nuestro hotel en Pokhara.

Pokhara es la tercera ciudad más importante de Nepal, con más de 250.000 habitantes. En la antigüedad fue centro de comercio y comunicación entre la India y el Tíbet a través de la Cordillera Himalaya. En la actualidad es una población turística bonita junto al Lago Phewa y cerca de las montañas de los Annapurna y otros, de 8.000 metros de altitud.

En esta localidad no se consumó ninguna desgracia, ni personal, ni material a pesar de que se encuadra en el sector de Galdaki, zona en la que se situó el epicentro del terremoto.

Con relativa frecuencia no dejan de notarse pequeñas réplicas sísmicas, por lo que dudamos si dormir en las habitaciones del hotel o en los descampados, elegidos por muchas personas tanto locales como viajeras. Nosotros optamos por descansar en las habitaciones, ya que el hotel no muestra ningún tipo de daño.

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Algunos viajeros optaron por dormir en los jardines del hotel.

Dos de los tres días que faltan para que salga nuestro vuelo de regreso decidimos pasarlos en esta bonita ciudad realizando parapente y otras actividades turísticas, sin darle importancia a las esporádicas réplicas que se van produciendo. La ciudad ha vuelto a la actividad normal.

Durante estos días me pongo en contacto con los familiares y amigos de España para informarles que me encuentro bien, pues como ya suponía estaban preocupados por si era uno de los 12.000 fallecidos o resto de afectados. De forma especial quiero agradecer el gran interés demostrado por Isabel Cebrián Alós, Consejera Delegada en aquel momento de la Diputación General de Aragón en asuntos de exterior, pues con frecuencia recibía mensajes preguntando por mi estado y necesidades; también me facilitó teléfonos y persona de contacto en Katmandú en caso de precisar ayuda de cualquier tipo. Gracias, Isabel.

De regreso a Katmandú en autobús, a lo largo de los 190 km y 6 horas de viaje, progresivamente empezamos a ver las consecuencias de la catástrofe: frecuentes desprendimientos en la carretera, despejada lo justo para pasar el vehículo, y en las proximidades a Katmandú edificaciones aisladas derruidas total o parcialmente.

Ya habían transcurrido tres días desde el terremoto y Katmandú vivía un caos total. Además de por los miles de fallecidos y heridos, también por las personas que no habiendo sido afectadas, no podían ayudar. Los cadáveres empezaban a oler por la descomposición, los heridos necesitaban personal técnico y material que no llegaba y los miles de no afectados no tenían donde cobijarse, precisaban alimentos inexistentes y las necesidades fisiológicas inevitables empezaban a manifestarse por cualquier lado. Como consecuencia se inició un éxodo de retorno de miles de personas de las zonas rurales y otras poblaciones que en los últimos años habían acudido a Katmandú por trabajo y que ahora se habían quedado en la calle con lo puesto.

Nosotros íbamos en dirección Katmandú, pero todas estas personas huían de la ciudad hacia sus lugares de origen, poco poblados. La caravana de vehículos de toda clase era continua: coches con personas unas encima de otras; furgonetas igual, incluso con gente en la baca; autobuses repletos hasta en su techo, y camiones con su caja a rebosar, de pie unos pegados a otros. En ese momento me di cuenta realmente de la magnitud de la tragedia a la que nos enfrentaríamos en Katmandú. Una gran angustia me entró en el cuerpo, muy desagradable y difícil de explicar.

Espeluznante y dramática entrada a Katmandú: casas caídas, escombros por todas partes y miles de personas intentado subirse a cualquier vehículo donde hubiese un pequeño hueco.

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Entrada a Katmandú.

¡Desolador! Polvorientas calles con gente por todos lados. Unos edificios caídos, otros muy dañados y el resto en dudoso estado de seguridad. Con el añadido de que, de vez en cuando y sin previo aviso, las réplicas del terremoto se repetían.

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Casa caída e inclinada.

Después de tres días desde el primer y principal terremoto, la población intentaba retomar su ritmo cotidiano en la situación actual haciendo vida en la calle, en las plazas o descampados, donde se habían formado campamentos improvisados con palos y rudimentarios toldos. Angustiados y con el corazón encogido llegamos a la caótica estación de autobuses cerca del barrio de Thamel.

Hari, tan amable como siempre, nos estaba esperando para acompañarnos a nuestro hotel Hanna, habiéndose preocupado antes de que reunía las condiciones para poder dormir en él, e incluso de que, si nosotros dudábamos de su seguridad, el hotel nos proporcionaría colchonetas y mantas para descansar en el descampado. Yo estaba decidido a dormir fuera, pero en el hotel se alojaba un huésped chileno, técnico especialista en valoración y rehabilitación de edificios, que me aseguró que había inspeccionado las instalaciones y que se encontraban en perfecto estado.

Con caras de incertidumbre y después del intercambio de opiniones entre los pocos huéspedes que quedábamos, decidimos dormir con la colchoneta en el vestíbulo y la puerta del hotel abierta. En un determinado momento de la noche el suelo tembló, de modo que otro huésped y yo nos encontramos sentados en nuestras respectivas colchonetas frente a frente, pero el pequeño movimiento remitió. El resto de huéspedes ni se enteró, durmiendo plácidamente.

Como es de suponer nos levantamos temprano. Este era nuestro último día en Katmandú, fijado el vuelo de regreso a las 22 horas. En el programa original estaba dedicado a últimas compras, pero tristemente fue el momento de presenciar el angustioso y desolador panorama que íbamos a dejar atrás. El barrio Thamel de calles estrechas y habitualmente bulliciosas por el comercio para turistas y locales se encontraba desierto; todos las tiendas, puerta sí y otra también, cerradas;  la gente había desaparecido; parecía un barrio fantasma.

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Campamento improvisado en un parque y explanada militar.

Fuera del barrio de Thamel existía mucho más espacio, de modo que en las plazas, parques y orillas del río Bagmati que pasa por Katmandú ya se había creado una nueva ciudad bajo lonas.

Se dio la circunstancia de que dos días antes y a la misma hora en la que se desarrolló el terremoto, yo estaba realizando panorámicas de Katmandú desde lo alto de esta Torre Bhimsen (1ª imagen). Esta torre de origen militar se construyó en 1832 y en 1934 fue dañada y reconstruida por causa de otro seísmo. Actualmente ha quedado totalmente destruida (2ª imagen). Tenía una altura de 61,88 metros, 9 plantas y una escalera de caracol en su interior con 213 peldaños.

En este caso, 16 días antes, Domingo y yo paseábamos bajo este templo. Es muy duro ver tanta desolación y pensar que yo podría ser uno de los enterrados bajo esos escombros. Por suerte o casualidad, no estábamos allí durante la fatídica jornada del 25 de abril de 2015.

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Una de las miles familias en la calle con lo puesto.

Una vez asimilada la catástrofe y observar que las familias se recuperan a pesar de tener fallecidos allegados, empiezas a sentir que la vida sigue y que hay que aceptar y actuar mirando al futuro. Los niños son los primeros que vuelven a la normalidad –normalidad relativa-, reuniéndose, riendo y jugando. Se nos acercan con cariño y alegres igual que antes del terremoto. Nosotros repartimos a sus padres las últimas galletas y euros que nos quedan al finalizar el viaje.

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Incineración de uno de los 12.000 fallecidos a orillas del río Bagmati.

Durante toda la mañana que estoy caminando por Katmandú y en repetidas ocasiones, pienso en cómo ayudar en esta tragedia. Seriamente se me ocurre contactar con alguna organización y ponerme a su entera disposición, pero también pienso que no puedo hacerlo ya que en España me espera alguna ocupación personal ineludible, por lo que tristemente decido hacer lo que me dice la cabeza y no lo que me dicta el corazón.

Como muchos sabéis, a mi regreso y unos meses más tarde, organicé con la ayuda de Fotógraf@s en Zaragoza una serie de actividades con el fin de recaudar fondos para reconstruir las casas derruidas o seriamente dañadas de las cinco personas que nos acompañaron durante los 15 días de treking al pico Pisang Peak: Hari, Kaila, Jit, Sudarsan y Basu.

Me gustaría agradecer a todos los que colaborasteis, y en especial a los que lo hicisteis de forma generosa, ya que de esta forma la cifra pudo incrementarse. No hablaré de números aquí, pero puedo hacerlo en privado si alguien quiere conocerlos. Lo que sí puedo decir es que la cantidad es pequeña para nosotros, pero muy grande para ellos.

Hari se encargó de recibir el 100% de lo recaudado y de distribuirlo a partes iguales entre las cinco personas. En repetidas ocasiones me ha transmitido el agradecimiento para vosotros y recientemente me ha enviado varias fotografías de alguna de las obras que en la actualidad se están ejecutando según las directrices anti-sísmicas del Gobierno nepalí, en parte con la ayuda enviada.

Gracias a vosotros y un simbólico abrazo a todas las gentes de Nepal por su recuperación.

 

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6 pensamientos en “El viaje a Nepal que terminó en tragedia IV

  1. Muchísimas gracias a nuestro compañero Luis Laín, que ha compartido con nosotros esta experiencia maravillosa y trágica a la vez. Y por supuesto un recuerdo para Nepal, esperando desde aquí que la reconstrucción sea lo más rápida posible.

    Confiamos que esto sea el principio y que Luis se anime a seguir contándonos sus viajes y excursiones, que sabemos que no para.

  2. Impresionante testimonio. Muchas gracias, Luis.

  3. Realmente impresionante el haber vivido esto de primera mano y el haberlo compartido con nosotros. Gracias Luis

  4. Me ha parecido muy interesante, muchas gracias por compartirlo

  5. Impresionante!. Gracias por compartirlo.

  6. Ya perdonareis por no haberos contestado antes, pero el trabajo de ordenador, manejo de nuevos programas y las nuevas tecnologías se me apoderan. Gracias por vuestros comentarios y me gusta compartir mis trabajos fotográficos y experiencias. No es que tengan mucho valor, pero prefiero publicarlos y compartirlo con vosotros a que se queden en la memoria del ordenador. Gracias

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