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El Valle de Benasque

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Las cordilleras siempre han sido un símbolo de separación, de límite, de frontera, de vida dura. Tanto más cuanto más abruptas son. Y los Pirineos son así. Y, formando parte de ellos, el valle de Benasque, en la zona más abrupta de toda la cordillera, donde las cimas besan el cielo y donde el cielo acaricia las cimas.

Los valles del Pirineo son los guardianes de una riqueza, ya ancestral, de la que sentirnos orgullosos. Unido a la belleza del paisaje, la riqueza cultural y su historia, cuna de la nuestra, hacen de estos una fuente inagotable de la que beber, en muchos sentidos. Y el de Benasque es uno de ellos. El valle de Benasque, o Ball de Benas, pertenece a la comarca de la Ribagorza y surca sus tierras la cuenca alta del río Ésera, cuyas aguas han dado forma a estos bellos parajes.

LO HUMANO

En lo que se refiere al ser humano, el valle está conformado por varios municipios unidos por un pasado común que hacen que mantengan una misma cultura económica, religiosa, arquitectónica y jurídica, además de las relaciones humanas propiamente dichas. Pueblos, conocidos por todos, como Benasque (Benasque, Cerler y Anciles) o Castejón de Sos ( Liri, Ramastué y El Run), comparten tierras y paisajes con pueblos menos conocidos como Sahun (Eristé, Sahun y Eresué), o Bisaurri (Arasán, Urmella, Gabás, Verí, S. Feliu de Veri, S. Martín de Veri, Renanué, La Muria, Dos, San Valero y Bullelgas), además de otros como Sesué (Sesué y Sos), Villanova y Chía.

La forma de vida del valle, común a todos sus municipios, hoy por hoy está basada en el turismo de nieve y de naturaleza como principal fuente de ingresos. La ganadería bovina y ovina es otro de los recursos del valle, junto con el maderero o la agricultura, pero estos en menor medida y claro retroceso. La estación de esquí de Cerler es el principal motor turístico de la zona, que sostiene una amplia capacidad hotelera y hostelera.

LO NATURAL

Su orografía nos regala las dos cimas más altas de todo el Pirineo: el mítico Aneto, con sus ya serios 3404 metros de altitud, y el Posets de 3375 metros. Y al sur, el Turbón de 2492 metros y el Cotiella de 2912 metros. Los macizos que conforman la zona (Perdiguero, Maladeta y Posets) son los que dan forma a los valles que conforman la zona. Además del valle central, tres valles mas confluyen en él: Estós, Eriste y Vallibierna, y a su vez numerosos valles más pequeños lo hacen en estos últimos. Todos ellos tributan sus aguas al río Ésera, que cauce abajo, regalará sus aguas al Cinca.


El agua siempre es el gran escultor de paisajes. Y en este lugar, con más ahínco. Los valles fueron arrancados de las montañas por la fuerza de los glaciares hace miles de años. Hoy en día, el valle guarda los vestigios de aquellos glaciares milenarios en sus cotas más altas: el glaciar del Aneto y el de Maladeta son los más grandes de todo el Pirineo, pero están en retroceso debido al paulatino cambio climático. Numerosos ibones son alimentados por el deshielo. Nombres como Ibon de Billamuerta, en las zonas más bajas del valle, o el de Maladeta, en las más altas, o el de Escaleta, de los más pequeños, o el de Cregüeña, de los más grandes…hasta 71 encontraremos en el valle de Benasque.

Las cotas más altas, las cimas, están cubiertas de nieve todo el año, pero por debajo de los 2500 metros, pinos negros, hayas y abetos extienden su reinado de belleza natural hasta la frontera de los 1500 metros, donde abdican en favor de quejigos, robles y pino rojo, resguardados todos por el pequeño porte del apreciado boj. Y entre cimas y bosques, el sarrio y la perdiz nival, campan a sus anchas, junto con urogallo, quebrantahuesos o tritón pirenaico como especies más carismáticas.

Parte de esta cantidad de hábitats y pequeños universos naturales, conforman el parque natural de Posets-Maladeta, declarado así en 1994, junto con zonas del valle de Gistaín y San Juan de Plan, valles vecinos. La belleza el parque natural eso otro motivo por el que visitar este valle.

LO CULTURAL

El patrimonio del valle de Benasque es lo suficientemente amplio como para atraer la atención por sí mismo. La villa de Benasque es un claro ejemplo de ello: casas señoriales de estilo renacentista, como el palacio de los condes de Ribagorza o casa Juste con su torreón, o su iglesia románica, del siglo XIII, tan austera como la forma de vida en estas latitudes. Pero no es el único pueblo con esta riqueza: Anciles también guarda casas señoriales de gran valor arquitectónico; o Villanova con su iglesia, de San Pedro, del siglo XII. Cualquier pueblo del valle guarda pequeños tesoros con mucha historia bajo sus tejados…¿alguien ha visto alguna vez una pequeña ermita en los alrededores de El Run?.

Pero no solo de arquitectura vive el hombre. Las fiestas en sus pueblos están llenas de folclore popular como, por ejemplo, el “ball dels omes” o el “ball de les donnes”, bailes típicos de las fiestas de Benasque, o el juego de “les quilles”, una especie de juego de bolos. La gastronomía de la zona es otro de sus atractivos: el “ixarso”, estofado de carne de sarrio o jabalí, o los “chiretons”, chuletas de cordero, o el “recao”, patatas rellenas de carne picada con ajo y perejil, o el “candimus” un postre elaborado con natillas y chocolate. Comidas todas ellas de gran valor calórico, como exige el clima de la zona.

Como en la mayoría de los valles, el de Benasque tiene su propia lengua: el patués, una mezcla de aragonés, gascón y catalán “Morsiella de la bediella,— feta de ayére, cueta de hué — de man de mi mullé:— ;qué bona que ye! San Marsial mo ne dongue…” ¿algún voluntario para traducirlo?

LO HISTORICO

Los primeros datos conocidos del valle datan del siglo IV a.c. y nos trasladan a tiempos en los que los pueblos vasco-pirenaicos ocupaban sus tierras. Pueblos que opusieron resistencia al avance romano, aunque no impidieron su influencia y posterior dependencia de Roma (siglo I a.c.) Siglos después fueron los visigodos los que cristianizaron la zona. La ocupación árabe de la península nunca llego a estos valles, pero sí que influyeron condicionando su vida a una constante defensa del territorio, ya bajo la bandera del condado de Ribagorza, que sufrirá muchas tensiones por las influencias provocadas por el reino Navarro, el de Aragón, los condados carolingios o el catalán. Es a partir del siglo XV cuando la historia se vincula a la de España.


LO QUE VER

Y como la fotografía es lo que nos importa, ignorar lo que se puede disfrutar en el valle sería pecado. Son muchos los rincones que van a obligarnos a sacar la cámara y empezar a disparar.

La mencionada arquitectura de los pueblos del valle, pueden ser un buen motivo para nuestras fotografías. El románico del lugar es una maravilla para los amantes de este tipo de fotografía.

Los ibones también van a ser una de las estrellas. Si partimos, por ejemplo, de la pista que sale desde el parking del refugio de la Basurta, enseguida llegaremos al ibon bajo de Billamuerta y, siguiendo el torrente aguas arriba, llegaremos al ibon alto de Billamuerta. Una ruta fácil. Otros Ibones en la misma zona que podemos visitar es el de la Renclusa y el de Paderna, aunque aquí los recorridos son un poco más largos y más duros. Pero hay muchos más. Muchísimos más.

Otro de los atractivos fotográficos que podemos encontrarnos es la “selba de conques” un bonito bosque a orillas del pantano de Linsoles, junto a Eriste.

Visitar los pequeños valles de la zona, puede ser otro de nuestros objetivos. Podríamos, por ejemplo, subir al ball de Remuñe (valle de Remuñe) el más noroccidental de los valles secundarios del ball de Benas, granítico y de un claro origen glaciar. Si nos encotramos con ganas, podremos incluso llegar al Ibón Blanco.

Si a todo esto que estamos recorriendo añadimos las altas cimas que son el orgullo del valle (si te gusta la fotografía de alta montaña), o la estación de Cerler, la estación más alta de todo el Pirineo (si eres amante de la fotografía de deportes de invierno) tendremos todo un abanico de posibilidades para disfrutar del paisaje y, sobre todo, de nuestro equipo fotográfico.

Fotografías de Brookei . Alberto Cortés . Javier Sola .

 

 

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Autor: Alejandro Lambán Herrero

Aragonés. Amante de la fotografía, de la charla entre amigos, de la vida tranquila... Siempre intentando aprender.

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