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El monasterio de Piedra

2 comentarios

Destino por todos conocido y sinónimo de belleza natural, el monasterio de Piedra es un paraiso para el cuerpo y el alma, en el que, hospedarse en las antiguas celdas de los monjes, perderse por los senderos que recorren su parque natural o dejarse mojar por sus mútiples saltos de agua, supone una experiencia difícil de encontrar en otros lugares.

Corre el año 1194 y el rey Alfonso II de Aragón, el Casto, se afana en la Reconquista de tierras moras para la Corona de Aragón. Conquistadas las tierras aledañas a la villa de Novalos, cede la fortaleza musulmana de Piedra Vieja, y tierras aledañas, situada junto al río Piedra, a la orden del Cister. Doce monjes y un abad del monasterio de Poblet, en el que casualmente sería enterrado el rey a su muerte, viajan al lugar para tomar posesión de dicho lugar y construir el monasterio cisterciense. Veintitrés años después, y gracias a la piedra procedente de la fortaleza, la orden termina su monasterio tal y como hoy lo conocemos. En estilo gótico cisterciense, su arquitectura es sobria, austera, sencilla y luminosa. . Es el monasterio de Piedra.

Casi setecientos años vivieron los monjes entre sus muros, con algunas interrupciones debidas, principalmente, a distintas guerras, hasta la Desamortización de Mendizábal en 1835, momento en el que el estado expropia las posesiones de la iglesia y ordenes religiosas para ser subastadas públicamente y hacer frente a la mala situación económica tras la pérdida de las colonias españolas. Durante los casi siete siglos que permanecieron, dieron forma a la piedra y jugaron con el curso del río Piedra, para conseguir la belleza natural que hoy es.

La distribución del monasterio se hace en base al aprovechamiento de la luz y al estilo que marcaba la orden religiosa en aquellos tiempos: al norte, el mandatum, Iglesia y claustro; al sur, el servitium, cocina y refectorio; al este, el capitulum, la sala capitular y al oeste, el laboris, bodega y cilleros. Hoy en día el antiguo monasterio que daba techo a los monjes, es un hotel en el que las celdas han sido rehabilitadas como cómodas habitaciones donde el huesped recibe el sol de la mañana en el balcón que asoma al parque natural.

El parque natural del monasterio de Piedra es todo un monumento pétreo forjado por el río y amaestrado por las trabajadoras manos de los monjes que lo habitaron. La belleza del lugar la aporta el agua, en sus infinitas cabriolas por las paredes rocosas del parque y en los remansos que esta encuentra en él. Saltos de agua con nombres tan atractivos como cascada Iris, Trinidad, Caprichosa, los Fresnos, Cola de Caballo, los Chorreaderos… O el idílico lago del espejo. Amén de las grutas (de la pantera, de la Vacante, Iris). Sus aguas albergan vida y hacen que otras especies puedan vivir a su alrededor. Descubriremos con facilidad truchas bajo su superficie, o tencas, o incluso el tan escaso cangrejo ibérico, y en su superficie y por encima de ella, distintas aves y mamíferos.

Nada más entrar en el parque natural (la entrada para adultos cuesta quince euros) uno se encuentra con las terrazas de las antiguas celdas del monasterio, donde podremos ver, y envidiar su suerte, a algún que otro huésped sentado a su sombra . Seguiremos la senda que nos lleva entre árboles de gran envergadura. Tejos, fresnos, chopos, nogales, castaños de indias…. todo un ejercito natural que nos defenderá del sol.

Llegaremos a la cascada Trinidad, donde el agua salta de roca en roca, y ya empezamos a notar el frescor que nos acompañará durante todo el recorrido a orillas del Piedra. La senda nos hará pasar por la grutas de la pantera, la vacante y del artista, para llevarnos a la cascada la Caprichosa, un salto de agua en forma de peine (tal vez el que peina los cabellos de la caprichosa) y ya de cierta altura.

Subiremos por la pared rocosa para subir al mirador que hay encima de la cascada y con su mismo nombre, desde tendremos otra panorámica de la misma. El ansia de ver más nos llevará hasta los Vadillos, donde el río Piedra salta entre rocas de forma casi escalonada. La suave cascada de los fresnos nos hará descender poco a poco hasta la Iris, la bella gruta oculta detrás de la cola de Caballo que veremos desde fuera en cuanto reanudemos la marcha. El agua difuminada por los cincuenta metros de altura de su salto, le dan un particular encanto durante la bajada, incrustada en la roca.

El camino nos llevará, pasando por la piscifactoría de truchas que existe en el parque, hasta el bellísimo lago del Espejo, cuyas mansas aguas hacen que todo lo que se posa en su superficie se refleje con una nitidez casi mágica. Este lugar seguramente nos hará perder (más bien ganar) mucho tiempo con la cámara pegada a nuestro ojo.

Dejaremos el lago al cruzar el bucólico puente, junto a la peña del Diablo, que nos llevará hasta la cascada de los Chorreaderos, una bella combinación de vegetación y agua. Un poco más de camino, en el que pasaremos por la gruta de la Carmela y el bosque llamado el Vergel, y nos encontraremos frente a la cascada Sombría, último rastro del Piedra que veremos en nuestro paseo.

Ya solo nos queda, si el horario lo permite, asistir a la muestra de vuelo de rapaces, donde disfrutaremos de bellas especies de aves como: caracaras, buitres, águilas, halcones, búho real… toda una exhibición del arte de la cetrería. También podemos visitar el centro de interpretación piscícola donde podremos conocer algo más de las especies de agua dulce.

Hay quien dice que el recorrido se puede hacer en tres horas, pero estoy convencido de que, con la cámara en la mano y el espíritu aventurero a flor de piel, seguramente serán unas cuantas más. Si, ya de paso, consideramos la posibilidad de hospedarnos en el hotel y pasar más de un día en el parque natural, será un viaje completo y seguramente inolvidable. Os deseamos una feliz visita.

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Autor: Alejandro Lambán Herrero

Aragonés. Amante de la fotografía, de la charla entre amigos, de la vida tranquila... Siempre intentando aprender.

2 pensamientos en “El monasterio de Piedra

  1. Siempre que se habla del Monasterio de Piedra hago el mismo comentario: Es una pena que teniendo esta maravilla de la naturaleza en nuestra propia provincia y a tan pocos kilómetros, no lo valoremos lo suficiente. Que encima haya un alto porcentaje de aragoneses que ni siquiera lo hayan visitado una sola vez, me parece ya vergonzoso y el colmo sería que haya aficionados a la fotografía, aragoneses, que no hayan visitado nunca el Monasterio.

    El Monasterio de Piedra es un lujo al alcance de todos. Si, de acuerdo, se han pasado un poquito con el precio de las entradas pero las magníficas fotos que se pueden obtener allí lo merecen. Aquí tenemos una buena muestra de excelentes fotografías

    Gracias Alejandro, otro magnífico artículo

  2. Este sitio web es realmente un paseo a través de toda la información que deseaba sobre este este tema tan complejo y no sabía a quién preguntar .

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