Fotograf@s en Zaragoza

Somos un grupo de amantes de la fotografía ligados a Zaragoza, con el objetivo de compartir nuestras fotografías, conocimientos y experiencias y poder conocernos a través de quedadas. Todo el mundo es bienvenido sea cual sea tu nivel.

ROBERTO Y EL AZAR

3 comentarios

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No era aquella una mañana cualquiera, y eso que se habían repetido los rituales matutinos de todos los días desde hacía casi veinticinco años. Le pesaban los ojos por la falta de sueño, no era de extrañar, la noche se la había pasado casi en vela, saltando de pensamiento en pensamiento, rebozándose de inquietudes, haciéndose un nudo con la sábana de tanto girar sobre sí mismo. Con la primera luz que bañó la cama se incorporó en ella, aliviado de que por fin amaneciera.

Inició la consabida liturgia de tostada con mantequilla y mermelada de frambuesa, café con un chorrito de leche descremada, terrón de azúcar y doce vueltas exactas de cucharilla para disolverlo. Los hábitos son como un matrimonio instalado en una aburrida comodidad, te hacen sentir seguro pero sueñas en secreto con el riesgo de romperlos y dejarte sorprender.

La visión de la bolsa de viaje apostada en la puerta, con el billete de avión encima, le produjo vértigo. Todavía tenía tiempo y bajó a sentarse en el espolón donde solía abandonarse al hábito –otro más- de la contemplación. Le dio un ataque de risa al pensar en la jodida casualidad, cuántas veces en tertulias con amigos, en cenas de interminables debates, él había sostenido que la casualidad no existía, que el azar era un concepto romántico que se habían inventado los literatos para hacer soñar al lector.

Cuando hubo calmado los nervios ocultos en los recovecos del estómago, y borracho del embriagante aroma de su mar, volvió a casa, cogió la bolsa, el billete y el montoncito de cartas dirigidas a su gente más cercana dándoles explicaciones. Las echó en el buzón sosteniendo una risa nerviosa incontrolable. Cogió un taxi y se presentó en el aeropuerto. Facturó el exiguo equipaje y se sentó en un rincón de la cafetería. Como los cambios hay que hacerlos poco a poco, decidió hacer lo contrario y pese a no beber nunca (estaba empeñado en conservar un bonito cadáver en vida) en un arrebato de rebeldía sin precedentes se pidió un whisky triple. La camarera subió el volumen de la televisión. Como el whisky ya lo había atontado, no se enteró bien, pero decían algo sobre el desconocido agraciado del Euromillón, era de la ciudad pero nada se sabía del misterioso afortunado. Pagó y se dirigió a la puerta de embarque. Imaginando la cara de sus amigos y familiares cuando leyeran las cartas, le dio el segundo ataque de risa del día. Lo más bonito que me llamarán –pensó- será cabrón. El bueno de Roberto -dirán- qué pedazo de cabrón, el que no creía en la suerte, el azar, el acaso…

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3 pensamientos en “ROBERTO Y EL AZAR

  1. Buena historia. Algo que todos hemos soñado, bueno, al menos yo, jajaja. La narración, como siempre, con una gran muestra de imaginación y buen estilo. Excelente Sandra, como siempre

  2. Que bueno!!!! No me importaria ser el protagonista de la historia (aunque yo desaparecería acompañado)

  3. llego tarde como siempre.
    Sandrika que grande eres!

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