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Prater de Viena: tensión y romance girando en su noria

10 comentarios

En 2013 se ha celebrado el 120 aniversario de la creación de la primera noria popularizada como atracción turística o de feria, pues hasta entonces la mayoría de mecanismos similares se usaban exclusivamente con fines hidráulicos.

Fue en 1893, con motivo de la Exposición Universal de Chicago, cuando el ingeniero Georges Washington Gale Ferris, con el fin de superar la gran estructura creada para la Exposición Internacional de París de cuatro años antes bautizada como Torre Eiffel, concibió una rueda enorme en la que los visitantes pudieran disfrutar de una vista única de la exposición. Conocida posteriormente como rueda Ferris (Ferris Wheel), sirvió como modelo de casi todas las norias lúdicas construidas a partir de entonces.

Desaparecida la de Chicago, la noria más veterana actualmente, convertida en emblema de su ciudad por su carácter de superviviente, resulta ser la ubicada en el Prater de Viena; sin duda, hoy en día, también la noria más cinematográfica.

Con el nombre original de Wiener Riesenrad se sitúa a la entrada del parque de ocio más antiguo del mundo: el Prater, localizado en el segundo distrito de Viena, Leopoldstadt.

Acceso principal al Prater. Foto de Carlos Carreter.

Antes de ser espacio de recreo, los terrenos del Prater se usaron durante siglos como coto imperial de caza, hasta que en 1766 se permitió el acceso público. En 1895 se inauguró un parque de diversiones del que aún se conservan varias atracciones originales, lo que contribuye a la atmósfera añeja del mismo.

Carrusel de cadenas situado junto a la entrada del Prater, en la plaza de la famosa noria gigante o Riesenradplatz. Foto de Fénix.707.

Con el nombre de “Venecia en Viena” (Venedig in Wien) llegó a reproducirse como entretenimiento parte de la famosa ciudad italiana, con auténticos canales por los que navegaban góndolas. Música, baile, fuegos artificiales…el Prater se convirtió en un auténtico paraíso para la fiesta.

En pleno siglo XXI en el Prater se mantienen los motivos tradicionales del espectáculo de feria, como esta figura con la que poder sentarte y contemplar el bullicio del entorno. Foto de Fénix.707.

En 1896 el ingeniero inglés Walter B. Basset, ya con experiencia en la construcción de otras exitosas ruedas gigantes (giants wheels), propuso una para el Prater con motivo de la celebración del 50 aniversario de gobierno del emperador Francisco José I, concluyéndose tras solo ocho meses de obras.

Imagen que puede verse en el interior del edificio sito al pie de la noria, que alberga su taquilla, una tienda, un photocall y un paseo-panorama por la historia del parque dentro de ocho de sus cabinas originales, hoy ya fuera de servicio pero recuperadas desde 2002. Foto de Fénix.707.

Así, desde el 3 de julio de 1897, día de su apertura pública, miles de personas acudieron al parque atraídas por la posibilidad de contemplar la ciudad a vista de pájaro; en concreto, a 64,75 metros de altura, en cualquiera de sus 30 cabinas con 20 asientos cada una.

Vista desde la noria del Prater. Foto de Carlos Carreter.

La noria pronto se convirtió en la estrella del Parque. Foto de Ana Cosculluela.

A su éxito inicial contribuyeron atrevidos artistas que actuaban sobre los tejados de las diferentes cabinas. Foto de Carlos Carreter.

La Primera Guerra Mundial hizo peligrar su existencia, prohibiéndose su funcionamiento entre 1914 y 1916. Incluso un nuevo dueño de la noria solicitó su demolición, si bien, al no poder financiar los gastos derivados, se embargó y subastó. No corrió tanta suerte durante la Segunda Guerra Mundial, pues en 1945 un incendio destruyó todas sus cabinas y su instalación técnica. Como símbolo de recuperación de la ciudad, mientras en esta las ruinas seguían encontrándose por doquier, se rehabilitó rápidamente y volvió a girar el 25 de mayo de 1947, aunque a partir de entonces con 15 cabinas, la mitad de su número original.

La afluencia de visitantes ha sido una constante en la vida de la noria. Foto de Carlos Carreter.

Interior de una de las quince cabinas actuales, tan espaciosa como las primigenias. Foto de Carlos Carreter.

Seis de esas cabinas cuentan con un equipamiento exclusivo como marco de todo tipo de celebraciones o encuentros sociales. Un lujo de altos vuelos.

Quien no sufra de vértigo puede experimentar una cena de etiqueta sobre los tejados vieneses. Foto de Carlos Carreter.

Desde sus orígenes, artistas de todo tipo se fijaron en esta rueda gigante para inmortalizarla en sus obras, siendo escenario de numerosas películas de las que resaltaremos tres.

La noria vienesa está asociada, en primer término, a todo un clásico: “El tercer hombre” (The third man, 1949), declarado en 1999 por el British Film Institute como “el mejor film británico de la historia”. Su argumento se ambienta en la Viena de 1947 precisamente como metáfora de la Europa destruida por la reciente contienda bélica. Dirigida por el inglés Carol Reed con base en una novela y guion de Graham Greene, la trama gira en torno a una intriga policíaca que cuenta con un reparto excepcional: Joseph Cotten, Alida Valli, Trevor Howard y Orson Welles. Obra maestra de Robert Krasker, que ofrece toda una lección de fotografía en blanco y negro, reconocida con el premio Óscar de la Academia de Hollywood.

Una de sus escenas cumbre transcurre en la noria del Prater, si bien allí únicamente se rodaron los exteriores, pues el limitado espacio de las cabinas impidió albergar a intérpretes, cámara y equipo de sonido, con lo que las imágenes de interior se tomaron en los estudios ingleses Shepperton. La retroproyección de un fondo y el minucioso montaje obraron la magia de dar continuidad en una única localización al encuentro entre el escritor Holly Martins (Joseph Cotten) y el escurridizo Harry Lime (Orson Welles); una cita no exenta de inquietante tirantez en cierto momento…

Collage de fotogramas de “El tercer hombre”. De izquierda a derecha: en la línea superior, plano del prólogo del film presentando imágenes reales de la Viena en ruinas tras la II Guerra Mundial, con la noria ya reconstruida; Holly señalando la noria donde va a encontrarse con su amigo Harry y durante la espera de este. En la línea central, Harry apareciendo por primera vez a la luz del día bajo la inolvidable música de cítara de Anton Karas y entrando con Holly en la noria, tras un estupendo plano contrapicado de su engranaje. En la línea inferior, plano cenital del Prater visto desde la noria y otros dos rodados en estudio, concluyendo la escena con una contundente y cínica reflexión de Harry Lime, conocida como la frase del reloj de cuco, una famosa aportación al guion de Orson Welles.

El espía James Bond, viajero incansable en sus historias, también visita el Prater en la aventura que protagoniza en “007: Alta  tensión” (The living daylights, 1987), ambientada en la Guerra Fría. Decimoquinta traslación al cine de la saga de este popular agente secreto, supuso la primera aparición de Timothy Dalton encarnándolo. Durante la trama, Bond, tras una típica escena romántica en lo alto de la noria con Kara Milovy (Maryam d’Abo), novia de un general desertor de la KGB al que debe encontrar, se ve envuelto en un asesinato y en una persecución entre el gentío del parque. El sospechoso del crimen es un misterioso vendedor de globos, un claro guiño al personaje análogo que aparece en “El tercer hombre”. No en vano el director del film, John Glen, quiso homenajear la película de Carol Reed, su favorita desde que con 16 años trabajó en ella en la sala de edición de los estudios Shepperton.

Montaje con el cartel de “007: Alta tensión” que incluye la silueta de la noria y dos fotogramas de la película donde esta aparece, como ambientación general de la escena y como espacio donde James Bond despliega su sempiterno poder de seducción.

Antes del amanecer” (Before sunrise, 1995), primer título de la valorada trilogía romántica dirigida por Richard Linklater que se completa con “Antes del atardecer” (Before sunset, 2004) y “Antes del anochecer” (Before midnight, 2013), desarrolla en Viena el inicio de la relación entre Céline (Julie Delpy), estudiante francesa, y Jesse (Ethan Hawke), joven viajero estadounidense, tras conocerse en un tren. A lo largo de su encuentro y en una continua conversación en la que van desvelando sus formas de ser, aparecerán algunos de los rincones más significativos de la capital austríaca. Como no podía ser menos, el Prater y su noria son también telón de fondo de esta sencilla pero atractiva historia de dos corazones con un singular destino de caminos que convergen y divergen…

En “Antes del amanecer” la escena en el Prater se inicia con los jóvenes protagonistas en lo alto de la noria divisando el Danubio. Él, impresionado por la vista panorámica de la ciudad y el atardecer, se enternece tanto que propicia el primer beso de la pareja. Luego siguen con su charla en el parque, entre las animadas atracciones iluminadas de colores tras caer la noche.

Si nada se lo impide, la noria del Prater seguirá dando vueltas haciendo disfrutar a sus pasajeros y enmarcando historias reales o ficticias. Como dice una canción vienesa: “Querida noria mía, a todo sobrevivirás, y dentro de cien años, como rueda de la fortuna aún girarás”.

“Gira el mundo gira…”. Foto de Kinojam.

Su circular silueta forma parte intrínseca del perfil urbano vienés. Como actualmente sucede con la Noria Mirador Princess ubicada en Zaragoza, aunque esto es parte ya de otra película…

Gracias a los compañeros que nos han cedido estas excelentes fotografías para poder ilustrar este lugar de cine.

10 pensamientos en “Prater de Viena: tensión y romance girando en su noria

  1. Ayy… Ya me apetece a mí volver a la capital vienesa… ¿una escapada invernal? Uiggggg…

  2. Me sorprende descubrir detalles de algunas de las películas que he visto, pese a mi pésima memoria. Buen trabajo de nuevo.

  3. Estupenda entrada, Ana. Y varias cosas que añadir a mi lista de tareas futuras… Ir a Viena y ver la trilogía romántica de Richard Linklater, las otras ya las he visto, aunque tampoco estaría mal revisarlas.

  4. Buen trabajo Ana, realmente se trata de un sitio muy emblemático cinematográficamente hablando pero también de un lugar muy apetecible desde el punto de vista turístico y para fotografiar. Viena, un destino muy recomendable y, por supuesto, con visita obligada al Prater.

  5. Nada más leer el título me ha venido a la cabeza El Tercer Hombre, pero no identificaba el lugar con las demás películas.
    Buen e ilustrativo reportaje. Ya veo, además, que sois varios del grupo los que habéis paseado por allí.

  6. Excelente reportaje Ana!, Hay que ver lo bien que escribe esta mujer!
    Muy bien ilustrado con las imágenes, enhorabuena también a los autores.
    Gracias por compartir de esta forma tu pasión por el cine.
    Un abrazo

  7. ¡Gracias por las visitas y por los comentarios! 🙂

  8. Gracias de nuevo por éste maravilloso reportaje que me recuerda pasajes de lo que tanto me gusta: “EL CINE”. Buen trabajo amiga.

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